El mercado de capitales local languidece y se hace necesario comenzar a desarrollarlo
De acuerdo con el sitio web de la Bolsa de Valores de Montevideo, se operaron desde que escribí la primera versión de esta columna, a fines de 2017, algo menos de US$ 7 millones en el mercado secundario de unas pocas empresas privadas. Entre ellas, algunas de las más tradicionales del mercado local, como Aluminios del Uruguay y Frigorífico Modelo. El desarrollo de los mercados de acciones ha sido estudiado por académicos desde hace muchos años. Algunos de ellos se preguntaron si "los mercados de acciones y bancos con buen funcionamiento promueven el crecimiento económico de largo plazo" para llegar a descubrir que, efectivamente, "la liquidez de un mercado de acciones y el desarrollo bancario predicen ambos positivamente el crecimiento, la acumulación de capital y las mejoras en la productividad”[1]. Es que no debería ser casualidad que todos los países que pueden llamarse "desarrollados" al día de hoy cuenten con un profundo y dinámico mercado de acciones donde sus empresas pueden acudir a abrir su capital. Incluso en aquellos países como Islandia -10 veces menor en población que Uruguay-, el mercado de acciones es desarrollado y profundo Pensar el cambio En ciertos países, cuando una empresa llega a la instancia de captar accionistas para obtener recursos, llama a este momento "volverse pública". Se asocia acudir al mercado con que la compañía se convierta en "pública". Tiene sentido. Antes la empresa era propiedad exclusiva de una o un grupo reducido de personas. Ahora, cientos podrán comprar sus acciones libremente. De la misma forma, se verán beneficiados si a la empresa le va bien, o perjudicados si le va mal. Tendrán derecho a voto en las asambleas evaluando la estrategia de la compañía y podrán remover un director si surgen las mayorías necesarias. Así, la empresa es "pública" porque es propiedad de muchas personas, y muchas otras pueden serlo comprando sus acciones. La empresa pública aquí entonces sabe que estará bajo el escrutinio y la evaluación permanente de sus propietarios, que obviamente defenderán sus intereses económicos. Sus accionistas podrían decidir que debe modificar su estrategia, por ejemplo. Es un sistema en el cual existe un conjunto de beneficios, como ser:
- a) Financiamiento no es siempre endeudamiento. La acción no es una obligación, sino que es un derecho. La empresa no se obliga en caso de que le vaya mal, sino que otorga el derecho a participar de sus beneficios cuando le vaya bien. Para la firma es más sano que exista la posibilidad de la combinación entre deuda y capital, en tanto la estructura óptima de financiamiento difícilmente sea una sola. Existe abundante literatura académica sobre la no exclusividad del financiamiento con capital ni con deuda, sino que el óptimo es, en general, una combinación de ambos[2].
- b) Los accionistas pueden ejercer contralor estratégico sobre la actividad, tanto por lo que hacen como por lo que no.
- c) Ofrecen alternativas de inversión de largo plazo. Inversores profesionales como no profesionales se verían con un mayor abanico de alternativas para invertir en el país. Visto desde la perspectiva del inversor, lo que se hace es darle a personas e instituciones una alternativa de inversión de largo plazo para su capital. Si efectivamente baja la inflación en el corto plazo, como prevén las autoridades y las empresas cotizan en pesos uruguayos, funcionará también una lógica de retroalimentación entre estabilidad y cotización en moneda nacional, y viceversa.
- d) Se obliga a mayor transparencia. Las exigencias de las bolsas de valores cumplen estándares muy altos en cuánto publicación de resultados, hechos relevantes, operaciones de insiders, etc. Esto da garantías al inversor, aquel que financia el crecimiento.