Impacto de la crisis se concentró con mayor intensidad entre los trabajadores más jóvenes
Mayor desocupación, más informalidad y menores niveles salariales, son vulnerabilidades históricas de los trabajadores jóvenes, pero que la pandemia del covid-19 amplió fuertemente, según el informe “Impacto de la pandemia en el mercado de trabajo y la nueva ley de promoción de empleo”, elaborado por el Instituto Cuesta Duarte (Icudu) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Mientras que para los trabajadores mayores de 25 años el impacto luce menos intenso y la recuperación es clara, para los trabajadores más jóvenes la caída fue más profunda y posteriormente quedó estancada en ese nivel. Los indicadores del mercado de trabajo registraron una importante mejora entre 2006 y 2014, pero “a partir de 2015 la situación comenzó a revertirse lenta pero sostenidamente”. La tasa de actividad y fundamentalmente la tasa de empleo registraron caídas importantes, ya antes de que la pandemia apareciera en el escenario global. Entre 2014 y 2019 la tasa de empleo anual cayó de 60,4% a 56,6%, lo que equivale a una pérdida de más de 60.000 puestos de trabajo, detalla el informe. En ese sentido, la llegada de la pandemia y su consiguiente crisis económica y social terminó por “agudizar los problemas que ya venía arrastrando”, y tanto la oferta como la demanda laboral se desplomaron. En el segundo trimestre de 2020, el período más crítico, la tasa de empleo bajó a 52,9%, lo que fueron casi 90.000 puestos de trabajo perdidos en dicha coyuntura. Por su parte, la tasa de actividad también se contrajo fuertemente por la dificultad de las personas para salir a buscar trabajo normalmente. Luego de esa situación crítica, las tasas de actividad y empleo mostraron cierta recuperación, aunque aún sin alcanzar los niveles prepandemia, y los registros más recientes apuntan a “cierto estancamiento”. El desempleo, que tras alcanzar niveles históricamente bajos en 2014 venía registrando un incremento, cerró 2019 en 8,9% y se ubicó próximo al 10% durante los primeros meses de la pandemia. El informe subraya que este incremento estuvo fuertemente “amortiguado” por la caída en la oferta laboral. “Si supusiéramos que la tasa de actividad no se hubiera visto afectada por la pandemia, la tasa de desempleo hubiera trepado hasta aproximadamente un 14%, reflejando íntegramente la enorme cantidad de puestos de trabajo perdidos”, sostiene el informe. Se destacó que la matriz de protección social del país fue “una herramienta central para sostener el ingreso de muchos hogares, amortiguar el aumento de la pobreza y la desigualdad y mantener muchos puestos de trabajo”. En particular, el seguro de desempleo fue uno de los componentes fundamentales para proteger a los trabajadores formales. Ese mecanismo se amplió a otros colectivos, registrando un incremento histórico sin precedentes en la historia del país, pasando de un promedio mensual de 11.000 a más de 80.000 en los momentos más críticos de la pandemia. Hacia el segundo trimestre del año, el total de trabajadores percibiendo un subsidio superó los 180.000, lo que representa más de un 20% del total de asalariados privados. Es un registro muy superior a los casi 47.000 beneficiarios que se alcanzaron en el momento más crítico de la crisis de 2002. Desigualdades Una conclusión que se reitera en la mayoría de los análisis de coyuntura económica actuales es que la crisis provocada por el covid-19 afectó en mayor medida a los grupos más vulnerables y la recuperación está ampliando esta brecha. Este informe no fue la excepción, pero remarcó que, en el caso de Uruguay, los jóvenes parecen ser el grupo más afectado. Históricamente, tanto jóvenes como mujeres han presentado peores indicadores, con brechas muy importantes que se han mantenido a lo largo de los últimos años. Las tasas de actividad y empleo de los hombres son sensiblemente mayores a las de las mujeres, debido a que estas últimas tienen mayor concentración de tareas de cuidado y trabajo no remunerado. La caída de estos indicadores en el segundo trimestre de 2020 golpeó tanto a hombres como a mujeres y la leve recuperación posterior también alcanzó a ambos colectivos. Pero al analizar por tramo etario, la situación es diferente. La tasa de empleo de los menores de 25 años es significativamente más baja que la de las personas de 25 y más años, pero el impacto de la pandemia fue muy diferente para ambos colectivos. Mientras para los trabajadores mayores de 25 años el impacto luce menos intenso y la recuperación es clara, para los trabajadores más jóvenes la caída ocurrida hacia el segundo trimestre de 2020 es más profunda y posteriormente quedó estancada en ese nivel. Entre los menores de 25 años, la tasa de empleo bajó de un 31% en 2019 a un 25% en el segundo trimestre de 2020 y se mantuvo en un nivel similar en la segunda mitad del año. “Es muy claro como el impacto de la crisis se concentró con mayor intensidad entre los trabajadores más jóvenes”, subraya el informe. En cuanto al desempleo, en el análisis por género se observaron aumentos tanto en hombres como en mujeres, aunque con diferencias entre sí. En los hombres, el aumento de la desocupación se concentró en el primer trimestre de 2020 y luego se mantuvo relativamente estable, con una tendencia levemente decreciente. En cambio, para las mujeres, la tasa de desempleo se incrementó fuertemente en el segundo y sobre todo el tercer trimestre de 2020 hasta situarse cerca de 14%. En la primera mitad de 2021 se registra “un descenso pronunciado”, aunque “mantiene una brecha algo mayor a la que existía con anterioridad a la llegada del covid-19 al país”. El comportamiento de la tasa de desempleo por tramo etario es completamente diferente. Partiendo de niveles muy superiores (casi cinco veces más altos a los del resto de la población), la desocupación para los menores de 25 años creció sostenidamente desde que irrumpió la pandemia. Hacia el último trimestre de 2020, la tasa de desempleo de este colectivo fue de 35,5%, muy por encima del 7% registrado para los trabajadores de más de 25 años.