Inseguridad y fracturas socio-territoriales
Por Pablo Anzalone | @PabloAnzalone
Las características del sistema punitivo uruguayo han conducido a una hipertrofia del recurso cárcel como estrategia de seguridad. Tenemos más de 11mil presos. La cantidad de presos cada 100 mil habitantes es una de las más altas del mundo y no ha parado de crecer. La casi nula utilización de otras estrategias como las penas alternativas a la prisión o la justicia restaurativa, han agravado esta situación. Lejos de abatir los niveles de violencia, estos parecen ser factores que contribuyen a su incremento. La distopía de un país como Uruguay con decenas de miles de presos no se parece en nada a un proyecto de sociedad segura y disfrutable por sus habitantes. Ha sido difícil entablar un debate serio sobre seguridad. Desde filas conservadoras hay mucho “sanateo”, como caracterizó el periodista Gabriel Pereyra en una entrevista célebre al candidato Lacalle Pou. La táctica es el alarmismo y la falta de propuestas. Se trata de transformar episodios graves de violencia en una psicosis colectiva donde el miedo ordene las percepciones, no los hechos ni las razones. Hay una radicalización del discurso reaccionario y simplista. La tesitura de minimizar la gravedad de la inseguridad ha sido desplazada hace ya tiempo. En su lugar se ha desarrollado un discurso oficial que enfatiza los avances en profesionalización, eficiencia y tecnificación de la Policía, que, efectivamente, son muy relevantes. Una entrevista reciente de Pereyra al Dir. Nal. de Policía Mario Layera agrega elementos a este debate. Layera constata cambios en la forma de operar el crimen con menos organización, liderazgos más fugaces y nuevos códigos gestados en las cárceles. Concluye tajantemente que hay un “choque de culturas”, donde los sectores “marginados” están absolutamente fuera del sistema, hasta en el lenguaje. Con franqueza destacable, aunque sin autocrítica, Layera cuestiona la “compartimentación” con que actúa el Estado y las dificultades de la policía con la implementación del nuevo código del proceso penal y el rol de las fiscalías. Es bueno que un jerarca señale problemas y omisiones. Una de las cosas que desacredita a cualquier gobierno es la reivindicación total de lo que hace sin reconocer y valorar los problemas existentes. La izquierda debe ser crítica y autocrítica enfatizaba Javier Miranda en el acto del 5 de abril. Cabe también esperar que se digan las acciones en curso para resolver los problemas mencionados. En la articulación de la Policía con Fiscalías y Poder Judicial, se puede entender una transición para la aplicación eficiente del nuevo código. Pero, en nuestra opinión, hay que poner en discusión otros aspectos del paradigma punitivo actual. Por ej. el fiscal Jorge Díaz cuestionó en una entrevista importante con Emiliano Cotelo la manera como el sistema penal uruguayo protege de forma muy desigual derechos y bienes, poniendo la propiedad por encima de la vida, omitiendo delitos ambientales, castigando duramente algunos delitos y minimizando dicho castigo en otros como los desfalcos en el sistema financiero. Faltan debates. Las dificultades para la acción articulada en el territorio del gobierno nacional, los departamentales y municipales, no son un problema nuevo y no se limita a compartimentar informaciones. Existen esfuerzos como el Gabinete Social, las Mesas de Articulación Zonal, la Junta Nacional de Drogas, pero no han sido suficientes. El Ministro del Interior impulsó desde 2005 el Programa de Mesas Locales de Convivencia y Seguridad Ciudadana cuyos objetivos son identificar problemas, establecer prioridades y acuerdos y programar acciones en conjunto, logrando compromisos entre las instituciones y los vecinos, buscando las posibles soluciones a los problemas. La idea-fuerza es muy buena: “Frente a los problemas comunes, la construcción de las soluciones es colectiva” (MI 2017). Hay fundamentos teóricos en diferentes corrientes a nivel internacional para valorar este enfoque en sus dos dimensiones:- a) el enfoque territorial que incluye el diagnóstico local y la focalización de líneas de acción en zonas y comunidades determinadas.
- b) la interinstitucionalidad e intersectorialidad y en particular la alianza con gobiernos locales y fuerzas sociales para un abordaje integral.
(*) Lic. en Educación-Diplomado en Políticas Públicas e Innovación. Director Div. Salud IMM 2005-2007 y 2010-2015. Coordinador de la Junta Departamental de Drogas 2012-2015. Integrante del Colectivo El Taller www.cuadernosdeltaller.com. Miembro del Equipo Coordinador del Instituto de Formación Sindical de FUS. Maestrando en Sociología.